Departamento de Química     |     http://quimica.cinvestav.mx
Entrar   |   25 / 05 / 2017


Década de los sesentas

Empezó en 1965 con varios investigadores extranjeros: Joseph Herz (suizo), especialista en química de esteroides y jefe del departamento hasta 1979; Tihomil Marcovic (yugoslavo), experto en electroquímica; Douglas McEachern (norteamericano), termoquímico, y Achilles Dlugajczik (polaco), fisicoquímico orgánico. Dos mexicanos completaban el grupo: Pedro Lehman, preparado en Estados Unidos, hijo de un pionero en la producción industrial de hormonas e interesado en la química biológica, y Pedro Joseph Nathan, egresado del Instituto de Química e interesado en los productos naturales. En esa primera época se contrataron dos egresados del departamento.

Década de los setentas

Los primeros años del departamento no fueron fáciles, Marcovic y Dlugajczik regresaron a sus países y pronto el director del Cinvestav, Guillermo Massieu, preocupado por el pequeño número de investigadores en el departamento, se dio a la tarea de contratar un nuevo grupo; esta vez se pensó en algunos jóvenes mexicanos:

Lázaro Brener, Gabriel Gójon y Pablo Mulas, quienes habían realizado un doctorado en Estados Unidos, así como Rosalinda Contreras, doctorada en Francia. También fueron contratados varios extranjeros: Andrés Perito (paraguayo), Carlos Contreras (chileno), Dennis Rushforth (norteamericano), Roger Connan y Gerard Poillerat; los tres primeros habían hecho su doctorado en Estados Unidos y los dos últimos eran franceses que llegaron gracias a un programa de cooperación. Tal vez la contribución más importante de este grupo formado en Estados Unidos y Francia fue la introducción de nuevos temas de investigación, modernos y persos. Muchos de los mencionados permanecieron un tiempo corto en el departamento, pero sin duda fueron el principio de una visión más amplia de la química.

En los años setenta, en todo México se puso demasiado énfasis en los estudios de maestría, que se instalaron como un sustituto del doctorado, caracterizándose por ser muy largos y escolarizados. Al final de la maestría, que duraba varios años, la mayoría de los estudiantes no deseaba continuar con el doctorado. Así, se perdieron oportunidades de preparar mejor a los jóvenes.

Desde esa década, el departamento comenzó programas de interacción muy intensos con varias universidades mexicanas, en especial las de Puebla y Veracruz, así como con algunos institutos tecnológicos. Estos programas se han fortalecido a través del tiempo y permiten que los jóvenes egresados de las licenciaturas realicen en el departamento sus tesis para después continuar con el posgrado.

Década de los ochentas

El periodo del doctor Manuel Ortega como director fue sin duda la resucitación del Departamento de Química, que había llegado a un periodo de crisis y al número más pequeño de profesores de su historia. El doctor mexicano Fernando Walls, investigador del Instituto de Química de la UNAM, fue nombrado jefe del departamento y duró en funciones de 1979 a 1982, lapso en que se inició la renovación física de las instalaciones, de los servicios y de los ánimos, y en que se contrató a Eusebio Juaristi (mexicano), graduado en Estados Unidos.

En 1982, el doctor Fernando Walls dejó el Cinvestav al ser nombrado director del Instituto de Química; el departamento quedó en las manos jóvenes de Rosalinda Contreras (1982-1990). Su primera tarea fue contratar a un nuevo grupo de investigadores, todos mexicanos, pues la experiencia había mostrado que los extranjeros que se habían contratado, con el tiempo regresaban a sus países. Entre los jóvenes investigadores que ingresaron en este periodo se encuentran varios egresados del departamento: Norberto Farfán García, Omar Solorza Feria, Teresa Mancilla Percino y Rosa Santillán Baca, junto con Ángeles Paz Sandoval, formada en Inglaterra, y cuatro preparados en Francia: Hilda Morales Alanís, Angelina Flores Parra, Sonia Morales Ríos y Luis Alfonso Torres Gómez. Estas contrataciones fueron más fructíferas pues, con excepción de Hilda Morales, quien decidió incorporarse a la iniciativa privada, el resto se estableció en el Cinvestav empezando tareas de investigación exitosas. La razón por la cual el departamento contrató a varios de sus egresados fue la dificultad de encontrar en ese momento investigadores externos para consolidar las. áreas de investigación.

En los años ochenta se inició una buena época en el Departamento de Química: se consiguió equipo instrumental moderno, se siguieron mejorando y adaptando los laboratorios, comenzó un periodo de promoción del posgrado en química y muchos jóvenes llegaron a realizar sus estudios.

Década de los noventas

Una de las etapas más fructíferas del departamento fue la década de los noventa. En este tiempo, bajo la dirección del doctor Luis Alfonso Torres (1990-1995), se iniciaron cambios importantes. En primer lugar, se pensó en la modernización del posgrado, se terminó el programa de maestría y se empezó uno de doctorado directo, al que se puede ingresar una vez concluidos los estudios de licenciatura. El nuevo programa era menos escolarizado, más corto y competitivo con los posgrados extranjeros. Una de las razones de su éxito y de la casi nula deserción de los estudiantes es la estricta selección para incorporar a los mejores estudiantes. Los académicos han adoptado la filosofía de que el posgrado debe ser analizado, criticado y modificado frecuentemente. Por eso, a partir de esa fecha se ha revisado de manera constante.

En 1998 ocurrió otro suceso significativo: se transformaron las especializaciones del doctorado en química orgánica, inorgánica y fisicoquímica a un doctorado en ciencias químicas con estudios interdisciplinarios y cursos personalizados. Con esto se ha logrado un programa más universal y menos especializado.

En este periodo se continuó con la adquisición de equipo instrumental.

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